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Badajoz - Introducción
Breve cronología
Desarrollo urbanístico
19 de noviembre de 2017

ALCAZABA

La cerca de la alcazaba tiene forma ovalada y unas dimensiones aproximadas de 400 metros de norte a sur, y 200 metros de este a oeste. Los muros exteriores son el norte y el este, mientras el sur y el oeste daban a la ciudad, también amurallada. Los materiales de construcción empleados son la mampostería, los cajones de tapia de argamasa dura, el ladrillo, sobre todo en bóvedas y arcos interiores, y la sillería en los paramentos de puertas y en distintos sistemas de refuerzo. La parte superior de la muralla y las torres se comunican por un paseo de ronda o adarve al que se accede por escaleras interiores.

Los lienzos de muralla están reforzados con torres de planta cuadrangular que se distribuyen regularmente. Destacan en la cerca de Badajoz varias torres albarranas, de mayor tamaño, están exentas y se comunican con el recinto principal por un lienzo de muralla con adarve. Estas torres son siempre macizas en su parte inferior y a la altura del adarve suelen existir una o varias plantas con habitaciones. La función que cumple la torre albarrana es reforzar la defensa de la muralla en las partes más débiles de la misma o defender un punto estratégico. Así, en la cerca de Badajoz, las torres albarranas están dispuestas en los frentes sur y oeste, por donde la alcazaba presenta una pendiente más suave y se encuentran las puertas principales; también en el lado sur estaba el alcázar o palacio, centro neurálgico de la ciudad.

La torre albarrana más importante de la cerca por su tamaño y características estilísticas es la de la “Atalaya”, conocido popularmente por “Espantaperros”. Está situada en el ángulo sudoeste. Presenta una planta octogonal, característica almohade, construida con muro de argamasa o tapial. Tiene tres cuerpos, el inferior macizo, el segundo comunica con el adarve que lleva a la muralla y está protegido en su extremo por dos torrecillas, y sobre el tercer piso de ladrillo que forma el motivo decorativo denominado de listeles paralelos, propio de las construcciones almohades. Interiormente los dos cuerpos se comunican por una escalera y su distribución es semejante: una cámara central de planta cuadrada cubierta con bóveda vaída, rodeada por un corredor de tramos rectangulares y triangulares dispuestos alternativamente con bóvedas de aristas. Los muros tienen pequeñas aberturas al exterior llamados aspilleras. La torre está rematada por un campanario de planta cuadrada, obra mudéjar del siglo XVI, construido con ladrillos y con dos órdenes de arcos en cada frente, siendo lobulados los superiores. Este campanario cristiano envuelve a una torrecilla más pequeña que tuvo la construcción original, de mampostería y ladrillo, en la que se ven arcos ciegos y entrelazados.

Entre la torre de la “Atalaya” y la puerta del “Capitel” existe otra torre albarrana de planta cuadrada y ángulos achaflanados, en cuyos muros se encontraron empotrados capiteles, basas y columnas visigodas. Más al norte, entre la puerta del “Capitel” y la puerta de “Carros” o de “Yelves”, se levantan otras dos torres albarranas de planta rectangular, una de ellas sólo conservada en su basamento. Por último, en el ángulo sudeste de la alcazaba estaba la torre albarrana denominada la “Vieja”. Otras torres, éstas ya no albarranas, conocidas por la tradición, son las del “Ahorcado”, situada al norte de la puerta de “Carros”, y la de las “Siete ventanas”, en el ángulo noroeste de la alcazaba.

Las dos puertas de época almohade que se conservan íntegramente en la alcazaba son la del “Capitel” y la del “Alpéndiz”, ambas con entrada en recodo, el mismo sistema que presenta la reconstruida puerta de “Carros”. El sistema de entrada en recodo comienza a utilizarse en la segunda mitad del siglo XI, y tenía la ventaja de que impedía el acceso rápido y directo de un posible enemigo, y permitía al mismo tiempo una más estrecha vigilancia y defensa de las tropas situadas en el adarve de la muralla o en la torre que protegía la puerta.

La puerta del “Capitel”, llamada así por el capitel romano que tiene empotrado sobre la rosca del arco de entrada, está encajada entre una torre y el lienzo de la muralla del sector oeste de la alcazaba. La puerta de acceso está formada por un arco de herradura apuntado, utilizado por los almohades, construido con sillares graníticos. El arco está enmarcado exteriormente con un alfiz formado por un rebaje del muro. La puerta conserva las quicialeras de mármol decoradas donde encajaban las puertas y les servían de eje. Tras el arco de acceso se extiende una bóveda de cañón construida con ladrillos que termina en un patio rectangular abierto. En ángulo recto con respecto al eje de la puerta de entrada, se abre otra puerta al interior, y en la rosca del arco alternan dovelas de granito con otras de ladrillo.

En el mismo sector oeste de la muralla, pero más al norte, se encuentra la puerta de “Carros”. De eje acodado, ha sido restaurada recientemente, y parece que se construyó sobre una puerta anterior al período almohade.

En el sector norte que da al Guadiana está la puerta o postigo de la “Coraxa” de acceso directo y construido también son sillares. Está formado por un arco escarzano enmarcado por otro ciego de herradura apuntado con dovelas de piedra y ladrillo. También presenta un alfiz decorativo que lo enmarca, construido mediante un rebaje del muro. Esta puerta es de época aftasí (1022-1094), y mantiene aún los modos constructivos de época califal, como lo demuestra la alternancia de los sillares y los ladrillos en la rosca del arco, y la puerta de acceso directo. La alternancia de sillares y ladrillos, aunque característica de época califal, tiene su antecedente en la arquitectura romana, y un ejemplo muy próximo e ilustrativo es el acueducto de los “Milagros” de Mérida.

En el sector este se conservan los restos de una muralla que pudo pertenecer a una puerta en recodo que correspondería con la de “Carros” al oeste, y que fue destruida durante el asedio que sufrió la ciudad en 1811, con ocasión de la Guerra de la Independencia, tras el cual se construyó un nuevo muro con ángulo hacia el exterior. Más al sur, la puerta del “Alpéndiz” tiene las mismas características que la puerta del “Capitel”, con la que se corresponde; sin embargo, la fábrica ofrece menos calidad técnica, el patio abierto es de menores dimensiones, y de él parte un corredor hacia el interior de la alcazaba que es oblicuo a la muralla.

Elementos defensivos de la alcazaba son también la “barbacana” o “sitara” y la “coraxa” o “coracha”. La barbacana o antemuro de menor altura que podía formar un foso o paseo entre las dos murallas, rodeaba a la alcazaba, y de ella aún quedan restos. Recientes excavaciones han puesto a la luz un postigo de época almohade que se abría en la barbacana del sector noroeste de la muralla, un poco más al norte de la torre del “Ahorcado”. También contó la alcazaba de Badajoz con coraxa situada en el sector norte junto al postigo del mismo nombre. La coraxa es un muro que arranca de la cerca y conduce hasta una torre albarrana junto al río, y permitía a los habitantes de la alcazaba proveerse de agua necesaria sin peligro. Al mismo tiempo la coraxa impedía el paso de un posible enemigo por este sector, incomunicándolo en caso de cerco.

El palacio o alcázar y las mezquitas son consustanciales con la medina o ciudad musulmana y de ambos tenemos noticias en el caso de nuestra ciudad. El palacio de la dinastía Aftásida estuvo situado al sur de la alcazaba, en el solar que ocupa actualmente el Hospital Militar. Al parecer, la alcazaba contó con tres mezquitas que fueron reutilizadas tras la conquista de Alfonso IX como iglesias cristianas; es el caso de las iglesias de San Pedro, Santiago y Santa María del Castillo. Según textos literarios, Ibn Marwan fundó varias mezquitas y unos baños. Una de esas mezquitas fue la Mezquita Mayor, que se conservó convertida en el templo cristiano de Santa maría del Castillo hasta mediados del siglo XIX, y estuvo situada también en el solar del Hospital Militar, próxima por tanto al lugar en el que se levantaría más tarde el Palacio de los Aftásidas, lo cual es norma de la medina musulmana. Esta Mezquita Mayor se levantó con ladrillo y tapial, mientras que el alminar era de sillería, elemento constructivo típico del momento y característico de la época califal inmediata. Como en otras edificaciones de este período, en la Mezquita Mayor participaron obreros cordobeses enviados por el mismo emir Muhammad I. Contó con cinco naves separadas por hiladas de arcos que apoyaban sobre siete columnas de las que las dos de los extremos estaban empotradas en el muro, y estribos o contrafuertes exteriores para contrarrestar el empuje de las arcadas. Las columnas y sus capiteles eran piezas reaprovechadas de época visigoda o romana. Las dimensiones aproximadas de la sala de oración, sin contar con el patio que la precedería, sería de 18’80 por 18’20 metros. El alminar de esta mezquita estaría ubicado probablemente en el ángulo nordeste del edificio y sería reutilizado como torre-campanario por el templo cristiano, cuya esbelta figura transformada en los pisos superiores se conserva en el antiguo edificio del Hospital Militar.

En el sector oriental de la alcazaba, extramuros de la misma, existió un arrabal de grandes dimensiones. Este arrabal se formó durante la época Aftasí y estaría habitado por campesinos, soldados, comerciantes y artesanos, muchos de ellos de origen cordobés, que se refugiarían en Badajoz huyendo de los peligros provocados por el derrumbamiento del Califato y que vinieron a animar la vida económica y artística de Badajoz, como ocurrió en otros reinos de taifas. La época más floreciente del arrabal coincide con la dinastía Aftásida, momento en el que la taifa de Badajoz se convierte en una de las más importantes y poderosas de la España musulmana, y en él aparece un importante mercado que llega a tener relaciones con el Mediterráneo oriental. La llegada de los Almorávides a fines del siglo XI y la destrucción de la muralla que protegía el arrabal, supuso el final del corto florecimiento del mismo, que es prácticamente abandonado.

El recinto de la Alcazaba fue declarado “Monumento Histórico-Artístico” por decreto de 3 de enero de 1931.

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